Cuando una especie se queda aislada por causa de alguna barrera geográfica o un hábitat específico, debe adaptarse a las condiciones de su entorno para lograr sobrevivir

Por Alina Gabriela Monroy-Gamboa y Sergio Ticul Álvarez-Castañeda/CIBNOR/DICYT 

Como resultado de los cambios que existieron en nuestro planeta a través del tiempo, con las separaciones y choques de las masas de tierra (placas tectónicas), el surgimiento de barreras geográficas, fenómenos orográficos, la presencia-ausencia de masas de agua y sobre todo el cambiante clima existen especies que quedaron confinadas a ambientes específicos. Las especies aisladas que habitaban en estos lugares cambiantes tenían que adaptarse constantemente. Los cambios pueden ser en cuanto a la forma o extensión de los hábitats.


Para el caso de los mamíferos, el surgimiento de una barrera geográfica tenía un reto diferente según la especie a la cual se le presentaba. La aparición de un cerro en medio del área de distribución de una especie de roedor no significaba lo mismo que para un carnívoro. Estas diferencias se deben a tres principales causas, si son generalistas o especialistas a su ambiente, el tamaño del organismo y su vagilidad o capacidad de desplazamiento. Es decir, cruzar un cerro para un roedor puede convertirse en una hazaña imposible de lograr en una generación, mientras que para un carnívoro como un puma (Puma concolor), esto no es ningún impedimento, debido a que estos grandes felinos pueden caminar algunos kilómetros al día.


Cuando las especies se quedan aisladas en un determinado lugar geográfico o ambiente, deben de especializarse para adaptar su fisionomía y fisiología a las características y microclima que existentes. Para entender todos estos procesos que los organismos tienen que afrontar, se han realizado varias teorías. La teoría más conocida es la de la Biogeografía de Islas, propuesta por Robert MacArthur y E. O. Wilson en la década de los 60s. En la actualidad, a esta teoría además incluir algunas variables como la distancia de una isla al continente, el tamaño y el equilibrio poblacional; se le han adicionado más variables, como el tiempo geológico y la historia evolutiva de las especies, lo que ha creado todo un nuevo campo de investigación. Se consideran dos grupos de islas, las islas verdaderas, que son las porciones terrestres que se encuentran completamente rodeadas de agua; y las islas de hábitat que son parches de vegetación en un ecosistema determinado.


En el caso de las islas verdaderas hay dos planteamientos básicos iniciales. Puede ser que una especie estaba un espacio geográfico más amplio, unido al continente y debido a un proceso de separación (vicariante) como los movimientos orográficos o una lengua de mar, esta porción de tierra se separó, ocasionando que la población quedara dividida. El segundo, es una isla ya establecida a la que por algún motivo una especie llega y se establece. En ambos casos los procesos adaptativos son diferentes. En el primero las especies ya se encuentran adaptadas al ambiente, pero deben de cambiar acorde a las condiciones. En el segundo, los pobladores de la nueva isla tendrán que adaptarse a las condiciones que ésta les ofrece. En las dos situaciones, la competencia entre diferentes especies es más limitada que en condiciones normales, por lo que las adaptaciones se realizan más rápidamente por la falta de competencia.


Los organismos de las islas llamaron la atención de naturalistas como Darwin, quien estudió a varias especies principalmente de aves y reptiles en las Islas Galápagos o Islas Encantadas. Se dio cuenta que las especies de las diferentes islas tenían la misma estructura modificada asociada a los diferentes hábitats, como son los pinzones, que habían cambiado el tamaño y forma de su pico entre las diferentes islas. La modificación en el pico les permitía explotar el alimento más disponible que estaba en la isla.


En las islas verdaderas, se dice que existe una fauna incompleta, debido a la ausencia de mamíferos medianos y grandes como son los carnívoros. La ausencia meso y mega-mamíferos en las islas se debe a que éstas tienen un área limitada y estas especies necesitan grandes extensiones para poder tener los tamaños mínimos de población para sobrevivir. Aunque si existen algunos carnívoros que habitan islas, usualmente son de tamaño mediano como el mapache o el coatí; que presentan un menor tamaño comparado con las que habitan en la porción continental; la razón de disminuir su tamaño es probablemente debido a que su nuevo hábitat tiene un espacio limitado. En referencia al tamaño, es más común que las islas se encuentren habitadas por otros órdenes de mamíferos pequeños como los roedores, cuando colonizan las islas, su tamaño tiende a ser mayor que el de sus familiares en continente, esto se debe posiblemente a una respuesta a la ausencia o poca presencia de depredadores.


Las islas que no han estado unidas a la porción continental se les llama islas oceánicas. La colonización de estas islas por parte de las especies se basa en las siguientes causas. El arribo por medio de objetos a la deriva, lo que implica que en algún momento los organismos de una especie quedaron a la deriva en el mar sobre una superficie flotante y por azar llegaron a la isla. Otra causa sucede cuando las especies son intencional o accidentalmente llevadas a las islas por el humano, como es el caso de gatos y cabras a las islas del Golfo de California, México.


En el caso de las islas de hábitat, éstas a menudo se originan por causas antrópicas. Es decir, el hombre ha causado estos parches de vegetación debido a sus actividades como la agricultura, urbanización, desmonte, etc. Existen especies que pueden sobrevivir con éxito en estos parches y van avanzando a medida que se crean. Cuando la distancia entre los parches es mínima, se crea un corredor o conector, que funciona como una súper carretera para algunas especies, ampliando de esta manera su rango distribución, debido a que el flujo génico no se corta, y pueden establecerse exitosamente en otros hábitats. En contraparte, las especies con distribución restringida, tienden a perder su ambiente y la conexión entre las poblaciones se limita, por lo que el flujo génico disminuye y es más probable que se produzca una extinción local o general. Las islas de hábitat también pueden colapsar de manera natural. Un ejemplo de ello son las islas del cielo. Las islas del cielo se refieren a un parche de vegetación de alta montaña rodeado por otro tipo de vegetación muy contrastante, como puede ser un bosque de coníferas rodeado por vegetación xérica. En este caso, el cambio climático puede producir la desertificación, entonces el parche de bosque de coníferas se reducirá paulatinamente hasta su desaparición. Las especies que solamente son capaces de vivir allí no podrán adaptase al cambio en las condiciones ambientales para que logre sobrevivir, por lo que su extinción es muy probable.


Cuando las especies quedan aisladas y han cambiado en sus estructura y conducta se vuelven exclusivas de ese lugar o endémicas; por lo que conservar esos hábitats son importantes para su sobrevivencia.

Autores
 Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste, S. C. Instituto Politécnico Nacional 195, CP. 23205, La Paz, Baja California Sur, México. Email beu_ribetzin@hotmail.com (AGM-G), sticul@cibnor.mx (STA-C).
 

Fuente: dicyt

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por coscyt

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