Dra. Laurence Mercier1 y Lic. Ornella Malagrino Maza2

1Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste, S.C., lmercier04@cibnor.mx

2Médica Fidepaz, infonutriologa@gmail.com

El 4 de marzo del 2021, en el Día Mundial de la Obesidad, profesionales de la salud en México redactaron una declaratoria para cambiar la percepción que se tiene sobre esta enfermedad, acabar con la estigmatización asociada con la obesidad, así como solicitar que sea tratada seriamente y de manera integral para mejorar las condiciones de vida de la población. En la conmemoración del Día Mundial de la Obesidad del presente año 2022, como resultado de la consulta generada por esta declaratoria, diez acciones prioritarias fueron presentadas para hacer frente a esta enfermedad. Para sumarnos al esfuerzo emprendido por este grupo de expertos, podemos detenernos unos minutos para evaluar nuestro propio conocimiento acerca de esta enfermedad, informarnos de su situación en México, revisar si tenemos algún prejuicio o alguna falsa creencia al respecto y, asimismo, comprender que el sobrepeso y la obesidad son un problema de salud complejo.

La obesidad y el sobrepeso se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa, originada por una ingesta de energía superior a la que se gasta; el cuerpo humano almacena este exceso de energía en forma de grasa dentro de las células adiposas, las cuales se hipertrofian (aumentan de tamaño) o crecen en número. Esta superabundancia de grasa afecta la salud y eleva el riesgo de sufrir otros padecimientos como son la diabetes mellitus tipo 2, problemas cardiovasculares, hipertensión arterial, dislipidemias y cáncer, entre otros. Recientemente, se ha visto que las personas con obesidad son particularmente susceptibles a tener complicaciones graves de la Covid-19, si se contagian con el virus SARS-CoV-2.

Una persona adulta es considerada con sobrepeso cuando su índice de masa corporal (IMC) [peso en kilogramos / talla en metros al cuadrado] es igual o superior a 25; se diagnostica como obesa cuando su IMC es igual o superior a 30. Los factores responsables de la obesidad pueden ser genéticos, fisiológicos, hormonales, psicosociales, ambientales, económicos, culturales o comerciales. En general, varias causas suelen intervenir, por lo que no se puede tratar la obesidad a partir de un solo enfoque.

México ocupa el quinto lugar de obesidad en el mundo. En 2020, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) mostró que el 38% de las niñas/niños entre 5 y 11 años tienen problemas de sobrepeso u obesidad, representando un alza de cinco puntos porcentuales desde 2012. En adolescentes, la situación es todavía más preocupante, debido a que el 44% de los jóvenes entre 12 y 19 años muestran sobrepeso u obesidad, lo que representa, aproximadamente, un aumento significativo del 14% respecto a los resultados de la Ensanut obtenidos en 2018-2019. Acerca de la situación en la población adulta, el 74% (es decir siete adultos de diez) padece sobrepeso u obesidad, y existe una diferencia de cuatro puntos porcentuales entre mujeres (76%) y hombres (72%); esta disparidad entre géneros es todavía más marcada si se considera únicamente la obesidad (40 y 31% en mujeres y hombres, respectivamente).

Si bien existen evidencias científicas que demuestran que la obesidad es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial, en muchas ocasiones falta esta comprensión por parte de la sociedad. Las personas que padecen obesidad son víctimas de estigmatización y discriminación debido a su exceso de peso. Estos estigmas y prejuicios suelen expresarse verbalmente a través de burlas, insultos y palabras despectivas o moralistas, así como por medio de exclusión y de agresión física, en circunstancias más extremas.

Existe la creencia de que el exceso de peso es el simple resultado de una mala alimentación combinada con una falta de ejercicio físico. Por lo tanto, se asume que las personas con obesidad son personalmente responsables de su condición corporal ya que carecen de autodisciplina y autocontrol. Este concepto o suposición es errónea ya que, como se mencionó anteriormente, existen varios factores que contribuyen a la obesidad de una persona y muchos de ellos escapan de su posible control. La autorregulación del peso no es algo simple y no depende únicamente de la fuerza de voluntad de una persona. Tenemos que respetar y aceptar a las personas que la padecen y, al mismo tiempo, debemos apoyarlas de forma integral para mejorar su estado de salud. En lugar de generar una burla, hay que pensar en qué se puede hacer para modificar el ambiente obesogénico que nos rodea.

Al fin y al cabo, los estigmas son dañinos y representan una carga emocional adicional para la persona que vive con obesidad. Avergonzar y culpar es definitivamente una estrategia que no ayudará a que una persona con obesidad pueda mejorarse debido a que puede provocarle mayor ansiedad, estrés, baja autoestima y frustración.

Hoy en día, estamos a tiempo para cambiar nuestra percepción sobre esta enfermedad y entender que una alimentación inadecuada junto con otros factores puede provocar un desbalance en el funcionamiento de nuestro cuerpo y nuestros órganos. Como sociedad podemos cuidar nuestro lenguaje y nuestras actitudes, así como tratar con respeto y empatía a las personas que padecen sobrepeso u obesidad. Con la prevalencia tan alta de obesidad que se vive en México, no debemos permitir que ésta sea nuestra nueva normalidad. Estamos en un punto clave para decidirlo y actuar para su prevención.

Bibliografía:

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Bautista-Díaz, M.L., Márquez Hernández, A.K., Ortega-Andrade, N.A., García-Cruz, R., Alvarez-Rayón, G. (2019). Discriminación por exceso de peso corporal: Contextos y situaciones. Revista Mexicana de Trastornos Alimentarios 10(1), 121-133.

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Nota: Este artículo fue publicado anteriormente en El Sol de México.

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por coscyt

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