Tonatiuh Chávez Sánchez y Alejandra Piñón Gimate

Instituto Politécnico Nacional, Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas, Avenida Instituto Politécnico Nacional s/n, La Paz, B.C.S., 23096, México.

El futuro llegó y no podemos desaprovecharlo puede ser nuestra última esperanza, la próxima revolución tecnológica y económica será azul y proveniente del mar. En el mar encontramos los recursos para reconstruir lo que hemos destruido, para alimentar y suplementar lo que no hemos logrado, para curar lo que no hemos podido curar, para suplir los materiales que contaminan, para sanear lo que hemos contaminado, para biofertilizar nuestros cultivos, para generar energía limpia, que cada vez consumimos más. Por ello, ante las crisis: ambiental, de salud, alimentaria, económica y energética, cada vez toma más relevancia las alternativas provenientes del mar para su aplicación en diferentes áreas.

Para muestra un botón: las macroalgas marinas y su versatilidad ofrecen un campo de innovación y soluciones a desafíos locales y globales (Fig. 1). Si incentivamos el conocimiento para aprovecharlas y cultivarlas de manera sostenible, las algas podrían suplementar la alimentación y cura de nuestras comunidades, sustituir materias plásticas, ayudar a descarbonizar la economía y reconstruir los sistemas marinos.

Según el manifiesto de la revolución de las macroalgas apoyado por Global Seaweed Coalition, “las algas son un recurso natural increíble, tiene el potencial de ayudar a abordar algunos de los desafíos más difíciles de nuestro tiempo y puede proporcionar una fuente de ingresos a largo plazo para las comunidades costeras de todo el mundo” (Giercksky y Doumeizel, 2020).

Fig. 1 Usos principales de las macroalgas: A) alimentación humana, B) alimentación animal, C) bioestimulantes agrícolas, D) aditivos para diversas industrias, E) biopolímeros, F) biocombustibles, G) farmacéutico y nutracéutico y H) Cosméticos, entre otros usos (Vázquez-Delfín et. al. 2019 y Vincent et. al. 2020). En el centro (I) algas del Golfo de California con potencial de ser usadas para estos fines.

Pueblos costeros de todo el mundo han incorporado desde tiempos remotos, algas provenientes del mar en su alimentación. Hace más de dos mil años, los antiguos coreanos, por ejemplo, enviaban algas marinas a la corte imperial de China, donde eran muy apreciadas por su valor nutrimental y medicinal (Wilson 1979, Guerrero 1999 y Checa 2017).

Actualmente también pueden ayudarnos, Guerrero (2009) menciona, “nuestro alimento debería ser nuestra medicina, en el caso de las algas por su valor nutricional resultan ideales tanto para prevenir como para combatir enfermedades”.

Dentro de los aportes que encontramos en las algas marinas se encuentran: proteínas con aminoácidos esenciales, fibra, carbohidratos bajos en calorías, ácidos grasos poliinsaturados, complejos vitamínicos (vitaminas c, e, del grupo b, provitamina a, riboflavina, niacina, ácido pantoténico y ácido fólico), minerales y elementos esenciales (calcio, potasio, magnesio y sodio), elementos traza o esenciales (hierro, cobre, cromo, cobalto, zinc, manganeso, molibdeno y yodo), ácido algínico y alginatos, ácido fucinico y fucanos, compuestos bioactivos como algunos pigmentos (zeaxantina, violaxantina, luteína, fucoxantina, neoxantina, anteraxantina, astaxantina y carotenos), compuestos polifenoles, florogucinol y florotanino, los cuales han mostrado tener actividad antiinflamatoria, antiviral, antimicrobiana, antiglucémica e incluso anticancerígena, entre otras (Quitral et. al. 2012). Todos ellos esenciales para mantener un buen estado de salud.

Por otro lado, debido a que los contaminantes actualmente afectan a los ecosistemas acuáticos, es importante tomar en cuenta que, como cualquier recurso de aprovechamiento humano, se debe asegurar una buena calidad e inocuidad, lo que indica que las macroalgas deban mantenerse libre de contaminantes o que no superen los límites tóxicos recomendados. El cuidado del ambiente, la buena elección de los sitios de recoleta y/o cultivo, el monitoreo de las condiciones ambientales y las características bioquímicas de las algas, además de un buen manejo en su procesamiento, nos asegurará la inocuidad y calidad del producto para su destino final.

Fig. 2 Macroalga Gracilaria spp., abundante en algunos sitios de las costas de México, utilizada para la elaboración de alimentos o para la obtención de aditivos y ficocoloides (espesantes) en regiones de Asía-Pacífico, África y Sudamérica.

México es un país megadiverso y en sus costas cuenta con diversas especies marinas incluidas las macroalgas las cuales pueden llegar a formar grandes mantos y florecimientos (Fig. 2), sin embargo, el aprovechamiento de las macroalgas es incipiente aún, pero poco a poco van surgiendo algunas iniciativas como emprendimientos y empresas, que cada vez se consolidan más en el uso de las macroalgas de mantos naturales o de cultivo con diferentes fines biotecnológicos, principalmente en las penínsulas de California y Yucatan.

Esto representa un reto y una gran oportunidad para impulsar el aprovechamiento del recurso macroalgal y satisfacer múltiples necesidades del mercado, para así obtener los vastos beneficios que nos brindan estos organismos, priorizando por supuesto en la conservación, la sustentabilidad, las tradiciones y la diversificación de las actividades productivas en beneficio de las comunidades costeras y de la región.

 

Referencias

Checa D. P. 2017. Algas una respuesta al hambre mundial. Torya editores. Mendoza, Argentina. 79.

Giercksky E. y Doumeizel V. 2020. Seaweed Revolution: A Manifesto for a Sustainable Future, Lloyd’s Register Foundation. The Global Seaweed Coalition disponible en: https://www.safeseaweedcoalition.org/the-seaweed-revolution/#seaweed-manifesto

Guerrero R. 1999. Como curan las algas. RBA Libros. Barcelona, España. 95 p.

Quitral R. V., C. Morales, M. Sepúlveda y M. Schwartz. 2012. Propiedades nutritivas y saludables de algas marinas y su potencialidad como ingrediente funcional. Revista chilena de nutrición. 39(4): 196-202.

Vázquez-Delfín E, Y Freile-Pelegrín, H. Pliego-Cortés y D. Robledo. 2019. Seaweed resources of Mexico: current knowledge and future perspectives. Botanica Marina, 62(3). 275-289.

Vincent A., A. Stanley y J. Ring. 2020. Hidden Champion of the Ocean: Seaweed as a Growth Engine for a Sustainable European Future. Seaweed for Europe: p. 59.

Wilson F. 1979. Kelp for better health and vitality. Thorsons Publishers LTD. Inglaterra. 111 p.

 

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