Marco A. Hernández-de Dios a; Minerva C. Maldonado-García a; Hannia Castillo Nochebuena b; Ángel Aryel Rodríguez de la Cruz b
a Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste
b Instituto Tecnológico de Reynosa
La acuicultura se ha convertido en una de las principales fuentes de alimento en el mundo. Sin embargo, a medida que crece la demanda, también aumentan los desafíos, como el uso excesivo de agua, la contaminación, las enfermedades en los peces y la dificultad para mantener el control sobre las condiciones del cultivo. Frente a estos retos, los Sistemas de Recirculación Acuícola (RAS, por sus siglas en inglés) ofrecen una solución eficiente y sostenible (Roy et al. 2025).
Un RAS es un sistema cerrado que permite cultivar peces tanto de agua dulce como marinos sin necesidad de grandes volúmenes de agua ni generar descargas al medio ambiente (Fig.1). A diferencia de los sistemas tradicionales, el agua en los RAS se somete a un proceso continuo de tratamiento que mantiene su calidad y permite su reutilización. Esto se logra mediante una serie de procesos que eliminan los residuos y conservan condiciones óptimas para el desarrollo de los peces.

Figura 1. Componentes de un sistema RAS. Sistema del laboratorio de reproducción de e peces marinos del Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste.
El sistema incluye filtros físicos que remueven restos de alimento y sólidos en suspensión, así como filtros biológicos que dependen de bacterias beneficiosas encargadas de transformar los desechos nitrogenados tóxicos en compuestos menos dañinos. Estas bacterias convierten el amonio excretado por los peces en nitrito, y posteriormente en nitrato (Fig. 2), una forma mucho menos perjudicial para los organismos acuáticos (Brown et al.2024; Roy et al. 2025). Aunque comúnmente se asocian las bacterias con efectos negativos, en los RAS desempeñan un papel esencial, favoreciendo el bienestar y la salud los peces (Goddek et al. 2019).

Figura 2. Parámetros medidos por colorimetría en sistemas de flujo abierto (a) y RAS (b).
El mantenimiento y la limpieza diaria son aspectos clave en los RAS. La calidad del agua determina directamente la salud de los organismos, por lo que es necesario evitar la acumulación de residuos, algas o sedimentos que obstruyen filtros y tuberías, reduciendo la eficiencia del sistema. Además, estas obstrucciones pueden alterar parámetros críticos como el oxígeno disuelto, el pH y la temperatura, generando estrés en los peces y aumentando el riesgo de enfermedades. Un protocolo de higiene estricto, junto con un mantenimiento preventivo, permite controlar estas variables, optimizando las condiciones ambientales y minimizando la necesidad de antibióticos, lo que alinea la producción con prácticas sostenibles (Boyd y Tucker, 2020). Esta combinación de acciones no solo mantiene la estabilidad operativa, sino que también previene pérdidas económicas y promueve el bienestar animal, garantizando ciclos de cultivo consistentes y rentables.
Pese a sus ventajas, los sistemas RAS también enfrentan retos importantes, como los altos costos de instalación, la dependencia de un suministro eléctrico constante y la necesidad de personal capacitado para su operación. A largo plazo, estos costos tienden a compensarse gracias a una mayor eficiencia productiva, una reducción en las pérdidas por enfermedades y un uso más responsable del agua (Ahmed y Turchini 2021). Además, los avances en sensores automáticos, monitoreo digital y herramientas modernas de gestión han permitido superar muchas de estas limitaciones, al punto de que hoy en día existen sistemas RAS completamente automatizados que operan con una intervención humana mínima (Roy et al. 2025).
Esta evolución tecnológica, además de responder a desafíos operativos, establece un vínculo directo con experiencias exitosas de aplicación. En este contexto, los sistemas RAS se consolidan como una herramienta clave para una acuicultura moderna, sustentable y segura. Un ejemplo concreto es la iniciativa que se lleva a cabo en el Laboratorio de Reproducción de Peces Marinos del Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste (CIBNOR), donde se emplean sistemas RAS para mantener en condiciones óptimas a reproductores de Seriola rivoliana y Centropomus viridis (Fig. 3). El control preciso que permiten estos sistemas garantiza una calidad del agua adecuada, lo que favorece el bienestar de las especies en etapa reproductiva. Así, los RAS no solo contribuyen a mejorar el desempeño productivo y sanitario, sino que también fortalecen las capacidades de innovación científica y tecnológica en centros especializados como el CIBNOR, impulsando el desarrollo del sector acuícola desde la ciencia.
Figura 3. Ejemplares reproductores de Seriola rivoliana (a) y Centropomus viridis (b), mantenidos en sistemas RAS en el Laboratorio de Reproducción de Peces Marinos del Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste.
Se agradece el apoyo al proyecto interno 20520 en colaboración con Kampachi Farms México, cuyo apoyo ha sido fundamental para el avance de la investigación y la mejora de los sistemas acuícolas implementados.
Referencias
Ahmed, N., y Turchini, G.M. 2021. Recirculating aquaculture systems (RAS): Environmental solution and climate change adaptation. Journal of Cleaner Production.
Brown, A.R., Wilson, R.W., y Tyler, C.R. 2024. Assessing the benefits and challenges of recirculating aquaculture systems (RAS) for Atlantic salmon production. Reviews in Fisheries Science & Aquaculture.
Goddek, S., Joyce, A., Kotzen, B., y Burnell, G.M. (Eds.). 2019. Aquaponics Food Production Systems: Combined Aquaculture and Hydroponic Production Technologies for the Future. Springer, Cham.
Roy, S.M., Choi, H., y Kim, T. 2025. Review of state-of-the-art improvements in recirculating aquaculture systems: Insights into design, operation, and statistical modeling approaches. Aquaculture .
