Nuñez de Cáceres-García, Mariana1; Ramos-Rodríguez, Alejandro1
1Universidad Autónoma de Baja California Sur, Departamento Académico de Ciencias Marinas y Costeras
Las babosas marinas son moluscos relacionados a los caracoles, llamados heterobranquios; dicho nombre viene de la variabilidad en la forma de las branquias de este grupo. Por ejemplo, los nudibranquios, el grupo de babosas más conocido, presentan en la parte final de su dorso una corona de branquias similares a las plumas. Sin embargo, dentro de los heterobranquios hay una variabilidad tal, que algunas especies no presentan branquias tomando el oxígeno disuelto en el agua mediante la piel. En estas especies, la epidermis, puede formar elongaciones, verrugas o faldas maximizando la superficie de absorción (figura 1e; Heller, 2015).

Figura 1. Diferentes especies de babosas marinas. A) dragón azul Glaucus atlanticus alimentándose de fragata portuguesa Physalia physalis; b) liebre de mar Aplysia fasciata del grupo Aplysiida; c) Nudibranquio Phyllodesmium jakobsenae (izquierda) y su alimento el coral Xenia (derecha); d) Molusco misterioso Bathydevius caudactylus; e) Elysia diomedea del grupo Sacoglossa.
Se conocen cerca de 6,000 especies de babosas marinas, distribuidas mayormente en aguas poco profundas desde los polos hasta los trópicos; aunque una especie, conocida como nudibranquio misterioso Bathydevius caudactylus se encuentra a los 4,000 metros de profundidad (Chavanich et al. 2013; Robison & Haddock, 2024).
Los caracoles marinos presentan una concha calcárea que les sirve como mecanismo de protección. En contraste, las babosas marinas, a través de la evolución, observan actualmente diferentes variaciones de la concha: algunas presentan una concha reducida, otras una interna y en su mayoría, la han perdido (Wägele et al. 2008; Heller, 2015). Ello permite que las babosas habiten en sustratos que van desde sustratos blandos hasta sustratos duros, inclusive con especies excavadores como las babosas de casco, y otras habitando debajo de rocas (Todd, 1981).
La variabilidad en el tipo de concha está vinculada a la aparición de diversos mecanismos de defensa. Uno de ellos es la presencia de una coloración llamativa, la cual sirve como señal de advertencia contra posibles depredadores (Gosliner, 2001). Además, existen diversas especies crípticas, que se camuflan perfectamente con su entorno, un ejemplo de esto es el nudibranquio Phyllodesmium jakobsenae que se asemeja a su alimento, el coral Xenia (Krug et al. 2018). Las liebres de mar (Aplysiida), presentan un particular mecanismo de defensa, producen una tinta morada que al liberarla inhibe los sentidos de sus depredadores, como peces, crustáceos y anémonas (Love-Chezem et al. 2013). Dentro de los nudibranquios, los eolidáceos poseen unas prologanciones a lo largo de su cuerpo, llamadas ceratas, en la punta de ellas guardan células urticantes que obtienen de su alimento, como medusas, corales e hidrozoos (Martin & Walther, 2002). Un ejemplo es el dragón azul (Glaucus sp.), que al alimentarse de la fragata portuguesa (Physalia physalis), secuestra sus células dañinas y las utiliza para defenderse. Inclusive, hay un grupo de babosas conocido como Sacoglossa que tiene la habilidad de realizar fotosíntesis ya que se alimentan de algas y al succionar el contenido algal “secuestran” los cloroplastos, manteniendo su capacidad de realizar fotosíntesis; ello dada, la ausencia de una concha externa que les permite que su manto quede expuesto y pueda recibir la luz del sol (Cruz & Cartaxana, 2022).

Figura 2. Dos tipos de nudibranquios con sus características: a) Nudibranquio eolidáceo Phidiana lascrucencis; b) Nudibranquios doridáceo Chromolaichma sedna.
Las babosas marinas presentan distintos órganos sensoriales para ayudarles a desenvolverse en su medio. Comenzando por el sentido de la vista, las babosas presentan un par de ojos muy pequeños mejor conocidos como manchas oculares, pues realmente solo sirven para detectar la luz, su intensidad y de donde viene. También presentan órganos para percibir señales químicas en el medio marino, ayudándoles a encontrar alimento, pareja y depredadores. El principal órgano quimiorreceptor son los rinóforos (rhino= nariz, phore= portador), presentes en forma de cuernos o antenas en la cabeza de la mayoría de las babosas, cumpliendo con la función de una nariz. Algunas babosas también presentan tentáculos orales en los costados de la boca, y que proveen información de tacto y gusto. Los tentáculos orales, al igual que los rinóforos, varían entre especies de babosas, siendo una característica diagnóstica para diferenciarlas (Mullins, 2019).
Las babosas marinas son hermafroditas, presentando órganos reproductores de ambos sexos. Ello, favorece a los organismos que tienen baja probabilidad de encontrar una pareja (Tomlinson, 1966). Para la reproducción, ambos individuos ponen huevos e intercambian esperma (Behrens, 2012). Las babosas pueden poner hasta millones de huevos los cuales están unidos por mucosa, formando así tiras que dejan pegadas en diversas superficies y con distintos arreglos, formando atractivos espirales, listones u ondulaciones (Heller, 2015).
En este grupo se presenta una dieta diversa, yendo desde los carnívoros hasta los herbívoros. Se alimentan de algas, poríferos, cnidarios, briozoos y tunicados, los últimos tres son de gran importancia, ya que existen pocos organismos que se alimenten de ellos. También se alimentan de animales de mayor tamaño como poliquetos, bivalvos, crustáceos, gasterópodos e inclusive, en algunos casos, se ha observado canibalismo (Wägele et al. 2008; Megina et al. 2003; Jensen, 1997). Otro aspecto importante en cuanto a su alimentación es que la mayoría de las babosas se alimentan de una sola especie objetivo (Dionísio et al. 2013). El que las babosas tengan una preferencia de alimento tan específica ha llevado a diversos autores a categorizarlas como bioindicadores para determinar la salud del ecosistema marino, mencionando que la variación de su abundancia está relacionada con los cambios en el ambiente (Adiwijaya et al. 2021; Furfaro et al. 2020; Eisenbarth et al. 2018; Papu et al. 2020).
A pesar de su gran atractivo y de su popularidad en el mundo de la fotografía submarina, en México aún falta mucho por conocer de este singular grupo. En el Golfo de California, se tienen un registro de 165 especies, sin embargo, sigue existiendo poca información de su biología y ecología (Bertsch, 2018). Y aunado a ellos, las islas del Golfo de California, -que son áreas protegidas y son reconocidas como Bien Patrimonio Mundial por la UNESCO (SEMARNAT, 2021)- albergan especies, pero se requieren estudios y actualización de los censos previos. ¿Han cambiado las especies? ¿Hay nuevas especies que no estaban registradas? ¿El calentamiento global de las últimas décadas les afecta? Actualmente, el Programa de Investigación Marina Isla San José de la UABCS, está realizando monitoreos en esta isla para conocer las especies que habitan esta isla, y comenzar estudios de su ecología. Compartiremos pronto los resultados.
Referencias
Adiwijaya C, Bengen DG, Zamani NP. 2021. Coral reefs substrate composition influence on nudibranch diversity. IOP Conf. Ser.: Earth Environ. Sci. 771 012009. https://doi.org/10.1088/1755-1315/771/1/012009
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