Marlon Molina Nieves, Guillermo Vallarino Orozco, Fernando R. Elorriaga Verplancken y Claudia Janetl Hernández Camacho
Durante las expediciones a las islas para estudiar a los pinnípedos, es común encontrar cadáveres en las playas. Algunos han estado ahí durante semanas o incluso meses, expuestos al sol, al viento y a la sal, hasta quedar reducidos a un esqueleto blanqueado. Otros, más recientes, aún conservan restos de tejido que sirven de alimento a aves y otros carroñeros (Fig. 1). Los huesos, esparcidos sobre la arena, conforman un cementerio natural que atestigua la presencia de estos majestuosos animales. Pero más allá de ser un simple recordatorio de su paso, esos restos guardan secretos que los científicos se encargan de descifrar.

Figura 1. Cadáver de lobo marino de California (Zalophus californianus) varado en la costa de California, Estados Unidos.
Los cráneos, en particular, son archivos naturales que nos permiten explorar el pasado y presente de los pinnípedos. Su forma y tamaño revelan información clave: la especie a la que pertenecieron, su edad, sexo, el tipo de presas que consumían, posibles enfermedades (como malformaciones óseas) e incluso, en algunos casos, la causa de su muerte. Por ejemplo, en varias especies de pinnípedos, los machos son más grandes que las hembras, y pueden presentar rasgos distintivos; en el lobo marino de California, los machos desarrollan una prominente cresta sagital al alcanzar la adultez que los diferencia claramente, aparte de su gran tamaño, respecto al cráneo de hembras (Fig. 2).

Figura 2. Diferencias morfológicas entre cráneos de lobo marino de California. A la izquierda, cráneo de una hembra; a la derecha cráneo de un macho. La notable diferencia de tamaño y forma ilustra el marcado dimorfismo sexual de la especie.
Una vez recolectados en las islas, los cráneos son limpiados, etiquetados y resguardados en colecciones científicas, donde los investigadores analizan cada pieza con detalle. Comparan formas, miden estructuras, observan patrones de desgaste dental y aplican tecnologías modernas como la tomografía computarizada o el análisis de isótopos estables y de metales pesados en el colágeno dental, con el fin de conocer los hábitos alimentarios y los niveles de exposición a contaminantes. Gracias a estas técnicas, un solo cráneo puede aportar información valiosa sobre el estado de salud de las poblaciones, su ecología trófica y las presiones ambientales que enfrentaron. En algunos casos, los cráneos de lobos marinos también muestran evidencia de interacción antropogénica como cortes hechos por redes de pesca, e incluso restos de estos materiales adheridos al hueso.
Las colecciones científicas desempeñan un papel relevante en la conservación de las especies, ya que permiten a los investigadores identificar tendencias como el aumento de lesiones causadas por actividades humanas, la exposición a contaminantes o la presencia de enfermedades. Esta información es fundamental para ajustar planes de manejo, regular el uso turístico, controlar fuentes de contaminación, proteger hábitats críticos, y al mismo tiempo, fomentar la conciencia pública sobre el impacto de nuestras acciones en la vida marina.
El laboratorio de Ecología de Pinnípedos “Burney J. Le Boeuf” del Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas (CICIMAR) del Instituto Politécnico Nacional en La Paz, Baja California Sur, resguarda una de las colecciones más importantes de cráneos de pinnípedos en México (Fig. 3). Este repositorio alberga cerca de 950 ejemplares de todas las especies de pinnípedos que habitan en el país, recolectados principalmente en el Golfo de California y la costa occidental de la península de Baja California. La mayoría corresponde al lobo marino de California, e incluye individuos de distintas clases de edad y sexo. Además, la colección se ha enriquecido con cráneos de algunos cetáceos varados en costas mexicanas, lo que amplía su valor científico.
Desde 1980, esta colección ha crecido año con año gracias al trabajo coordinado de investigadores, estudiantes y técnicos. Cuando se encuentra a un animal muerto en el campo, el cráneo se extrae cuidadosamente y se traslada a CICIMAR para su limpieza y registro. El proceso es meticuloso: los cráneos se limpian con esponjas, fibras y jabón biodegradable, retirando los restos de tejido sin dañar el hueso. Luego, se les asigna un código único con información sobre la especie, lugar de origen, fecha de recolección y número de identificación. Finalmente, los cráneos se almacenan en cajas etiquetadas y se registra toda la información en una base de datos digital para facilitar su consulta.
La colección de cráneos de CICIMAR es una fuente invaluable para la investigación científica. Gracias a ella, estudiantes de posgrado han podido desarrollar tesis y proyectos que hoy contribuyen a entender mejor los desafíos que enfrentan los pinnípedos en México. Esta colección guarda historias que aún están por escribirse.

Figura 3. Colección de cráneos de pinnípedos del Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas (CICIMAR-IPN).
Bibliografía
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Calderón Marmolejo, T. N. Ontogenia y dimorfismo sexual del cráneo del lobo fino de Guadalupe Arctocephalus towsendi (Doctoral dissertation, Instituto Politécnico Nacional. Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas).
Elorriaga-Verplancken, F., Aurioles-Gamboa, D., Newsome, S. D., & Martínez-Díaz, S. F. (2013). δ15 N and δ13 C values in dental collagen as a proxy for age-and sex-related variation in foraging strategies of California sea lions. Marine Biology, 160, 641-652.
Franco-Moreno, R. A., Cruz-Escalona, V. H., Aurioles-Gamboa, D., Vera-Alfaro, P., Salas, J., & Ravela, S. (2015). Variability and sexual dimorphism in skull morphometry of California sea lions (Zalophus californianus) in Mexico. Mammalian Biology, 80, 316-327.Continental Shelf Research, 239, 104716.
